Los beneficios de la miel son conocidos desde la antigüedad; ya en el año 350 AC Aristóteles recomendaba el uso de varios tipos diferentes de miel para tratar distintas dolencias.

El reflujo gastroesofágico se puede prevenir con el consumo de miel; según un estudio publicado por el British Medical Journal el hecho de que la miel sea 125,9 veces más viscosa que el agua destilada a 37º (la temperatura corporal) ayuda a prevenir las molestias del reflujo. En el caso de la tos, la miel es una aliada perfecta ya que alivia y reduce la frecuencia de la tos.

Los beneficios de la miel también son notables en la lucha contra las infecciones; la miel tiene la capacidad de matar las bacterias que se encuentran en la proteína defensina-1 según un estudio del CMA de la Universidad de Amsterdam.

La miel también es de gran utilidad para la gastroenteritis especialmente en los lactantes ya que acorta la duración de los procesos diarréicos en los lactantes y en los niños de corta edad, además puede ser empleado como un sustituto de la glucosa en la solución que se utiliza para la rehidratación oral.

A pesar de ser la miel beneficiosa en todas estas patologías, no olvidéis consultar al personal sanitario su uso ya que en ocasiones podría ser incompatible con determinadas medicaciones o con cierto tipo de enfermos. Vía Muy Interesante.

Fotografía: Asier Camacho.

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